24 de octubre de 2013

Elizabeth

Debía correr, escapar, huir del lugar que me había visto nacer. Apenas me respondían las piernas, sentía que en cualquier momento detendrían su camino, pero debía hacerlo por ella, por mucho que desease volver no podía, ¡huye! ¡HUYE!

Me desperté un día cualquiera en una habitación de hospital. El olor de los medicamentos inundaba el ambiente y las paredes brillaban por la luz que entraba por la ventana. No recordaba qué hacía ahí ni cómo había llegado, solo sabía que no era el sitio en el que debía estar. Un nombre inundaba mi mente: Elizabeth. Pero, ¿por qué? ¿Quién era ella? ¿Por qué no podía recordar nada? Esperé durante un tiempo que no sabría medir a que alguien entrase a interesarse por mi estado, pero cuando supuse que nadie vendría me levanté de la cama y me dispuse a salir, no sin antes descubrir una nota en la puerta: “Elizabeth está bien”. Entonces supe que ese nombre sería importante para mí y me acompañaría en cada paso que diese. Al salir, descubrí los pasillos vacíos de un hospital. Cuando llegué a la calle encontré a un joven, cigarro en mano, que pareció sorprendido al verme.
-¿Qué haces aquí? No pensé que despertases tan pronto.-Lo analicé con la mirada. No debía tener más de 20 años, pero su mirada era la propia de un anciano con muchos momentos amargos que contar.

-¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? No puedo recordar nada.

-Soy el Doctor Henry, y según tu identificación tú eres M. Te encontramos inconsciente en el suelo después de que ellos te atrapasen. No debiste haber intentado salir de La Zona, tienes suerte de que pasásemos por allí y lográsemossalvarte.

No alcancé a comprender nada, pero Henry me aseguró que entendería todo con el tiempo. Apagó su cigarro con la punta de su gastado zapato y nos dirigimos hacia un lugar que él llamó Base, en busca de sus compañeros. Cuando nos encontramos a cierta distancia me giré para observar el lugar de donde veníamos. Lo que descubrí fue un edificio en ruinas, así como todos los edificios que lo rodeaban. Durante nuestro largo camino intenté que aquel enigmático hombre respondiese alguna de mis muchas preguntas. Yo necesitaba conocer qué había sucedido, mi mente ansiaba respuestas, pero Henry no parecía dispuesto a ayudarme. La cuestión era, ¿quién es Elizabeth? Llegamos hasta un edificio que parecía estar en mejores condiciones que el resto. Estaba excavado en la roca y custodiado por dos guardias que se limitaron a saludar cordialmente a mi acompañante. A judgar por el aspecto interior, aquella construcción había sido usada como mina en algún momento del pasado, pero ahora se asemejaba a un bullicioso pueblo. Algunos curiosos se acercaron con preguntas que hacerme, pero el doctor me condujo hasta un grupo de personas algo mejor vestidas que el resto. Se presentaron como los Líderes, y me acosaron con sus preguntas sobre “La Zona”, pero yo no supe responder a ninguna de ellas. Fue entonces cuando una chica de las más jóvenes, la única que se había abstenido de preguntar, se presentó como Fany. Por su rostro inteligente supe que ella sería la que iluminase un poco la oscuridad de mis recuerdos.

-Verás, M, nosotros nos encontramos fuera de “La Zona”. Allí la vida es mucho más sencilla y feliz, perfecta. Por el simple hecho de nacer tienes asegurada una familia, unos estudios, un trabajo y una pareja. Llegado el momento, si ellos lo creen oportuno, puedes llegar a recibir un permiso de natalidad. –Llegado a este momento, el rostro de Annie se iluminó con ira y su tono de voz se endureció. -Pero esas vidas no son reales, son solo una ilusión, ¿comprendes? Están controladas en todo momento por ellos desde su cúpula.

-Espera, ¿Quiénes son ellos?

-No lo sabemos – Se notaba decepción en su voz – Pero vamos a conseguir liberar a todos los que aún están dentro. Tal vez no lo entiendas pero es importante para nosotros, algunas de nuestras familias siguen dentro. –Asentí en silencio. – Pero el saber cómo llegaste a escapar puede ayudarnos en nuestra misión.

-Siento mucho no poder ayudaros. No recuerdo nada excepto…

-¿Excepto? – La esperanza se hizo patente en algunas de aquellas personas, supuse que serían aquellas que tenían seres queridos aún dentro.

-Elizabeth…

El nombrar aquel misterioso nombre produjo un gran revuelo y algunos llantos. Según me dijeron, aquella era una integrante de los rebeldes, y si sabía algo de ella sería porque se la habían llevado. Tras una corta discusión decidieron aprovisionarse con víveres y unas pocas armas y ponerse en camino para intentar salvarla.De camino a “La Zona”, Fany se acercó a mí. Se la veía muy preocupada y le costaba hablar sin tartamudear. Se me hacía extraño verla en aquella situación después de su anterior discurso cargado de odio. Me confesó que Elizabeth era su hermana y la única familia que le quedaba en el mundo. Comprendí su dolor y quise consolarla, pero nos acercábamos a nuestro objetivo. “La Zona” era un recinto cercado por unas altas verjas metálicas. Los rebeldes tenían una entrada que habían escavado con anterioridad, por lo que la entrada no fue difícil. Una vez dentro nos encontramos una larga hilera de casas, todas idénticas. Aunque estaban infinitamente mejor cuidadas que el paisaje de fuera, aquella situación causaba en mí cierta inquietud. Caminamos entre ellas hasta llegar a una gran cúpula metálica. En ese momento, y como surgidos de la nada, aparecieron los militares de “La Zona”. Habíamos caído en su emboscada.

-¡Las pistolas! ¡Debemos luchar!

Me desperté un día cualquiera en una cama de una habitación luminosa. Junto a mi cama se encontraba una mujer. Ella lucía una enorme y acogedora sonrisa, con un toque forzado. En cuanto me vio abrir los ojos me dijo al instante que su nombre era L y era mi esposa, como si adivinase mi falta de memoria. Me convenció de que todo había sido una pesadilla, un mal sueño, pero ahora estaba despierto. Aquello me pareció verdaderamente extraño, pero la creí, ¿por qué no debería hacerlo? Decidí vestirme, y L me recomendó salir a dar un paseo para despejarme, y me aseguró que después me sentiría mejor.

Hacía un día fantástico, no miento si digo que era el más soleado que podía recordar. Pasé silencioso entre las casas. Todas iguales, perfectas, en las cuales se podía ver personas felices a través de las ventanas. Caminé sin rumbo hasta encontrarme frente a un lago. Me distraje mirando las ondas que el viento producía en el agua. Entonces lo vi, era un loto. A mi mente vino una hermosa y joven chica, de cabellos color fuego, con un loto en su cabello. ¡Elizabeth! Pero, la cuestión era, ¿quién es Elizabeth? Entonces comencé a recordar. Una joven tras la verja, una mujer que no pertenecía a mi mundo. Me vi ayudándola a entrar, recordé cada día en que ella volvía a ese mismo lugar, y su sonrisa. A mi mente vino la imagen de Elizabeth con el vientre abultado, embarazada. Comencé a correr, ¡debía salvarla! Llegué rápidamente a la cúpula metálica, pero entonces sentí como tiraban de mí, tapándome la boca, hasta un lugar algo alejado. Cuando logré liberarme descubrí que mi captor era un militar. Mi primer impulso fue pelear, pero él me tranquilizó:

-M, no lo hagas, estoy contigo.

-¿Quién eres? –El corazón me latía muy rápido. Elizabeth me necesitaba.

-Sé que buscas a Elizabeth. -¿cómo sabía eso? – No voy a hacerte daño. Hiciste lo correcto, ellos la tenían, tú debías huir en busca de ayuda, era su única oportunidad.

-¿Dónde está? –La cara del militar no mostraba sentimiento alguno. –Dímelo, tengo que salvarla.

-No sabíais que os estaban esperando, quise avisarte pero no pude, arriesgué mucho con la nota del hospital. Siento haberte mentido.

-¿Me has mentido?

-Si. Siento decírtelo, pero Elizabeth y todos los rebeldes han sido ejecutados esta misma mañana. –Mis ojos se inundaron al instante, no podía creerlo. –Se como te sientes, tu la querías.

-¿Cómo puedes saberlo? – Me sequé las lágrimas con la manga de la camisa. – Tú no sabes nada, tu ayuda ha sido inútil.

-Si te ayudé ha sido porque yo también me enamoré de una rebelde. –Su rostro se entristeció al recordar – yo también tuve un hijo con una mujer de fuera. Y aquel niño, M, eres tu.

Bueno, esta es la primera historia acabada que he escrito, la presenté a un concurso el año pasado y quedé segunda, así que como primer intento tal vez no esté tan mal... Si queréis añadir algo, o suplicarme que por favor deje la pluma y el papel para siempre, podéis dejarme un comentario, ¿gracias!

No hay comentarios:

Publicar un comentario